Violencia sexual y tortura: practica de la Seguridad del Estado cubano en las cárceles
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Etiquetas: prisionero político, Guanajay, Muchachos del 11 de julio, penal de Guanajay, confabulado con el oficial Reboso, prisionero político Julián Manuel Mazola, Julián Manuel Mazola
LA HABANA, (ADNCUBA).- “Dile al Gago que está acabando con los muchachos del 11 de julio”. Ese fue el mensaje que mandó, entre risas, el oficial de la policía política Javier Reboso al recluso común que violó a un preso político recluido en el penal de Guanajay, Artemisa, en abril de este año.
Dos años antes, ese mismo preso común, confabulado con el oficial Reboso, intentó violar al también manifestante del 11 de julio de 2021 y prisionero político Julián Manuel Mazola.
La violencia sexual es uno de los grandes problemas que sufren las poblaciones penitenciarias en gran parte del mundo. Sin embargo en Cuba, lejos de enfrentarse, es utilizada por la Seguridad del Estado y los funcionarios penales como forma de tortura e intimidación contra reclusos que exigen sus derechos y prisioneros políticos.
A pesar del rígido control que el régimen cubano ejerce sobre la información de lo que ocurre en los penales y los silencios que genera este tipo de violencia en las víctimas, ADN Cuba accedió a testimonios de prisioneros, familiares y especialistas en derechos humanos que exponen el uso de esta forma de tortura y la impunidad con que se realiza.
Un patrón documentado de represión
En marzo de 2024, el preso político del 11J Artemisa, Julián Manuel Mazola Beltrán, sufrió un intento de violación en la prisión de máxima seguridad de Guanajay, en dicha provincia.
Su agresor, el preso común conocido como “El Gago de San José”, ha estado vinculado a otros casos de agresiones de este tipo en dicho penal y se ha denunciado su complicidad con el régimen. Sin embargo, solo fue condenado a tres meses más de cárcel por el ataque al preso político.
Mazola Beltrán tuvo que iniciar en esa ocasión una huelga de hambre junto a otros compañeros del 11J en protesta para que su agresor fuese amonestado.
A nivel mundial, la tasa de violación en prisiones ha variado a lo largo de los años, pero estudios sugieren que la victimización sexual de los presos oscila entre el 10 y el 28 por ciento.
Un informe especial de Human Rights Watch (HRW) en 2001 sobre el abuso dentro de los sistemas penitenciarios estimó que entre 250,000 y 600,000 presos son violados cada año en Estados Unidos.
En Cuba, como en el resto del mundo, este es un problema de larga data. Evidencias del mismo pueden encontrarse en la novela de Carlos Montenegro, “Hombres sin mujer”, publicada en 1938.
Sin embargo, resulta preocupante que en el caso cubano, este problema sea instrumentado por las autoridades carcelarias y la Seguridad del Estado, para usarlo como forma de intimidación y castigo contra los reclusos.
Julio César Morales González, condenado en 1993 a seis años de prisión por el delito de sabotaje, fue ultrajado sexualmente en el régimen especial de la prisión El Yayal de Holguín.
El preso político contó al medio independiente Cubanet que cuando ocurrió el suceso se encontraba además sin acceso a los medicamentos de los que era dependiente.
En enero de 2026, el preso político Onaikel Infante Abreu fue abusado sexualmente por un recluso en la prisión de Agüica, Matanzas, mientras se encontraba en celda de castigo, confirmó su esposa Sujay Acosta a ADN Cuba.
Acosta, quien se comunicó con Infante Abreu luego del ataque, conoció que aparentemente entraron varios reclusos comunes a la celda donde se encontraba y uno de ellos lo violó.
“En las celdas de castigo no entra nadie que no sea de la Seguridad del Estado", agregó la esposa en enero anterior.
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