Los partidos políticos y la democracia: una ponencia necesaria frente al vaciamiento de la política
ENMAYÚSCULA, (BENJAMÍN COLAMARCO).- Asistimos a una época paradójica: nunca antes hubo tanta información disponible, y, sin embargo, nunca fue tan superficial el análisis sobre la política y los partidos. Se ha instalado una campaña generalista y repetitiva - ampliada por cámaras de eco algorítmicas - que descalifica la esencia misma de la política y de las organizaciones partidarias, en un contexto de débil cultura patriótica y de ignorancia supina de la teoría y filosofía política.
En Panamá, ese fenómeno tiene un blanco privilegiado: el PRD, objeto de clichés sistemáticamente repetidos que desconocen su militancia histórica, la dignidad de sus fundadores y sus luchas.
Ciertamente, el Partido Revolucionario Democrático debe mejorar y regenerarse por medio de un proceso de reforma democrática amplio. Pero desconocer su historia es debilitar la memoria histórica de la nación, la participación popular y el perfeccionamiento de la independencia nacional.
Hoy caminamos hacia supuestos distintos: espacios menos estructurados, nuevas incongruencias, mayor heterogeneidad social, complejidad y más incertidumbre. La mercantilización neoconservadora y la conectividad de las comunicaciones y redes sociales dificultan mantener un "contenedor de principios comunes", una estructura sólida nacional que proteja la unidad de economía, cultura y política.
La democracia de los partidos fue la forma política adecuada a una sociedad establemente estructurada en clases sociales, sindicatos, gremios y asociaciones, con identificaciones sociales y culturales que encontraban correspondencia en la representación.
Las organizaciones políticas no se limitaron a gestionar procesos institucionales: incorporaron áreas enteras de la sociedad y el territorio, orientando su cultura y sus valores, aglutinando ideas comunes y comportamientos políticos y electorales.
Cuando surgió la democracia de masas, los partidos estabilizaron durante mucho tiempo las identidades políticas y las opciones electorales. Hoy, esa democracia sólida, de tradiciones, raíces, representatividad y estructuras firmes, transita hacia un escenario de inestabilidad y volatilidad que afecta a las grandes organizaciones e incluso a los Estados.
Bernard Manin advirtió este cambio: el tránsito de la democracia de partidos a la "democracia del público" o "de la audiencia". Ese panorama "líquido", como lo describió Bauman, cuyos flujos no tienen dirección reconocible, afecta tanto al público como a sus representantes, a la sociedad y a los partidos.
La "democracia del público", bajo sostenida “presión tecnocrática algorítmica”, adopta la fluidez del electorado voluble e impredecible: menos fidelizado, volátil, intermitente. Hemos pasado de referentes sólidos con base ideológica y programática, al "mercado político" con electores difíciles de identificar, demandas complejas y fragmentadas.
La volatilidad del espacio político explica el debilitamiento de la idea de programa electoral y visión programática, pero también la desideologización y personalización de la política. Como consecuencia, muchas veces la oposición comparece al margen de los partidos, en movimientos ciudadanos y protestas incitadas por redes sociales.
Sin embargo, la crisis actual de los partidos solo se superará cuando haya mejores partidos. La experiencia enseña que todavía peor que un sistema con malos partidos es un sistema sin ellos. Es probable que la idea de partidos "cuadrados" y rígidos se haya acabado, pero no la de una organización política que contribuya a hacer inteligible el mundo, oriente las decisiones ciudadanas, ofrezca cauces de participación, diálogo respetuoso y sensato, y articule el control cívico-político sobre los representantes en todas las instancias.
En el caso panameño, el PRD – Torrijista y Socialdemócrata - no es una sigla vacía: es una construcción histórica que canalizó aspiraciones populares, que reivindicó la lucha patriótica, que gobernó y que fue oposición, que cometió errores y que también sembró conquistas sociales y soberanía nacional. Reducirlo a un cliché descalificador no es crítica política: es pereza intelectual y, sobre todo, un ataque a la memoria colectiva de muchos en la nación.
Quienes hoy repiten consignas contra el PRD y más genéricamente contra los partidos, suelen ser los mismos que no ofrecen alternativas organizativas viables y menos base ideológica que los identifique. Sin partidos, la política queda en manos de caudillos mediáticos, individuos “mesiánicos”, de fortunas privadas, o de la indignación estéril.
Los partidos están obligados a desarrollar inteligencia adaptativa y recomponer su capacidad de representar y gobernar una sociedad más exigente. El objetivo: configurar sistemas abiertos, más parecidos a organismos vivientes que a "contenedores", más porosos que cerrados, en diálogo con cuanto les rodea y no protegidos contra su exterior.
Regenerar y renovar el PRD no significa borrar su historia. Significa honrarla, corregir sus fallas, conocerla y proyectarla hacia el futuro. Porque sin partidos fuertes, democráticos, ideológicos, programáticos y arraigados, no hay democracia posible.
La anti-política no construye; solo destruye. Y en Panamá, el debilitamiento de una fuerza política como el PRD, sin construir una opción política verdaderamente mejor, sería un golpe al ineludible perfeccionamiento democrático del país.
Benjamín Colamarco Patiño
Economista, ex-vicepresidente del PRD, ex-ministro de Estado
Panamá, 12 de septiembre de 2026
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